sábado, 10 de marzo de 2018

ENTREVISTAS 10 - PEDRO BROTINI


ENTREVISTA A PEDRO BROTINI
LA ESTANCIA

- ¿Qué le sedujo de Villa Diodati como para concederle el papel casi protagonista en esta historia?
Pocos lugares resultan tan evocadores en la Historia de la Literatura como Villa Diodati, no solo por la reunión de genio e ingenio que allí tuvo lugar, personalizada en las figuras de Lord Byron, Mary Shelley o John Polidori, sino también por el aura de misterio que la envolvió, en plena tormenta de aquel Año Sin Verano. Sin duda, es un enclave con la suficiente fuerza narrativa como para que sea acertado concederle la entidad de personaje de la novela.

- ¿Es cómodo narrativamente hablando trabajar con dos líneas temporales?
Tal vez no, pero resulta muy estimulante como ejercicio a la hora de recrear ambientes y formas de expresión, en función de la época. Considero que los personajes de ambos segmentos, aun separados por esa horquilla temporal de doscientos años, tienen mucho en común, como ponen de relieve en la trama con su profundo amor a sus sueños y a los libros. Un valor añadido ha constituido la tarea de documentar los periodos históricos y a los personajes, me ha resultado apasionante bucear y conocer en profundidad las trayectorias personales y literarias de los protagonistas históricos.

- Leyendo la novela se observa cierto amor por la literatura, ¿hasta dónde llega dicho amor en Pedro Brotini?
He tenido la enorme fortuna de crecer en un ambiente familiar en que la literatura tenía un papel esencial. En mis recuerdos siempre ha habido libros y tebeos, librerías y bibliotecas.  Hago mías las palabras de Vargas Llosa cuando afirma que aprender a leer y escribir es uno de los momentos clave en la vida de una persona.  Creo que la literatura hace la vida más grande, en todos los sentidos, y que la mía lo ha sido gracias a la lectura. 

- Se habla también del respeto, o la falta del mismo, hacia la propiedad intelectual, ¿hemos avanzado algo en estos doscientos años?
La realidad nos muestra una clara involución en ese campo, vivimos en tiempos en los que todo vale y se justifica con argumentos de dudosa ética. El acceso a la cultura no debe transcurrir por vías en las que no se valore, en la medida que merece, la labor creativa de los autores o el trabajo que realizan los editores.  Defender y promocionar la literatura es una tarea que nos afecta a todos, con independencia del lugar que ocupamos, ya sea como lectores o escritores.

- Usted hace críticas literarias en un blog de la revista Hola, ¿cree que difundimos lo suficiente la literatura o cae derrotada frente a otros medios?
Creo que los beneficios que aporta la lectura son tan formidables que cualquier esfuerzo por su difusión siempre será escaso. Son tiempos complicados por la cantidad –que no calidad– de información que nos rodea, pero esas mismas dificultades deben inspirarnos para agudizar el ingenio y conseguir que los libros ocupen el lugar que merecen. Es un reto que tenemos ante nosotros y debemos asumirlo con entusiasmo e imaginación.

- Imagine que hoy, en pleno siglo XXI, se produjera una reunión como la de Villa Diodati, ¿cree que obtendríamos resultados tan brillantes como los que salieron de allí entonces?
El listón está alto, hablamos de la noche en la que nacieron obras tan emblemáticas y de tan enorme calidad literaria como Frankenstein de Mary Shelley o El vampiro de John Polidori.  El resultado sería distinto, como distinta es también la época que nos toca vivir.

- ¿Hasta qué punto puede llegar a ser importante la psicología en la literatura?, ¿le gusta entrar a saco en la mente de sus personajes?
Profundizar en sus motivaciones y pensamientos es enriquecer y aprovechar la multitud de matices que encierra todo personaje, de forma que permite desplegarlos y otorgarles entidad propia. Revestirlos con esos toques de desconcierto, duda, miedo o ilusión, tan propios del ser humano, es revestirlos de verosimilitud y lograr que, de una forma u otra, el lector empatice con ellos, que los odie o los ame, en definitiva, hacer viva la Literatura y disfrutar de su latido.

- ¿Qué ha cambiado en Pedro Brotini desde El tiempo de las palabras azules, su primera novela, hasta ahora?
Como escritor intento afrontar la construcción de tramas más elaboradas, aunque sin dejar de lado lo que creo que debe constituir la esencia de toda narración, la construcción de unos personajes sólidos y con detalles que los hagan destacar y ser recordados por el lector. Una novedad tal vez sea que durante este tiempo he escrito relatos y es una distancia en la que me encuentro cómodo, aunque sigo prefiriendo la novela.

- ¿Cuáles son sus próximos planes literarios?
He comenzado a escribir una nueva novela en la que he cambiado de registro, se trata de una historia basada en hechos reales ocurrida en la década de los años setenta en España, con un importante componente de novela negra. Estoy disfrutando mucho con la investigación y la redacción de la trama, y espero verla concluida este mismo año.

- Convenza a un lector adolescente y a otro adulto de la necesidad de leer esta novela.

Usaría argumentos similares en ambos casos, tal vez porque apelaría a la parte joven que perdura en todo adulto, por muy olvidada que parezca estar.  La Estancia es una novela que habla de la importancia que tiene luchar por los sueños y vencer los miedos que nos separan de verlos cumplirlos. Y esa es una misión atemporal que debe acompañarnos en todo momento de nuestra vida, con independencia de los años que tengamos.


Antonio Parra Sanz

miércoles, 7 de marzo de 2018

ENTREVISTAS 10 - RUBÉN CASTILLO


ENTREVISTA A RUBÉN CASTILLO
LA CUEVA DE LAS PROFECÍAS

-     ¿Tanto puede doler para un niño la llegada de un nuevo hermano?
-     No siempre ocurre, pero cuando se produce es catastrófico. Se puede ver a ese hermanito como un rival, como un usurpador, como un intruso. Para el niño todo es visceral, todo es dramático, así que sentirse “desplazado” le comporta una amargura infinita. Es la vieja máxima del “príncipe destronado”, que yo he querido explorar literariamente de nuevo.

-     ¿Era necesario que Joaquín se alejara un poco de sus padres para desarrollar un poco más su personalidad?
-     Todos lo necesitamos, freudianamente. Los padres nos ayudan en la vida y son insustituibles e impagables, pero hay un momento en que precisamos quitarnos de encima su influjo. En caso contrario, siempre vivimos bajo una protección castradora. Durante la niñez, nos dicen miles de veces la palabra “no”; y llega un momento en que somos nosotros quienes necesitamos decir que “no” a ellos. No es odio, ni es revancha: es supervivencia.

-     ¿Por qué el campo, y por qué la casa de su tía Paloma? ¿Tan fuertes son las vinculaciones de Joaquín con ella?
-     Quise sacar a Joaquín de su paisaje habitual, urbano y familiar, para que se desarrollara en otro marco. Mis hijos, que son carne de ciudad, se asombran de todo cuando los llevo al campo. Es una vuelta a los orígenes, a la semilla, a lo primordial.

-     En la novela se habla de premoniciones, ¿hasta qué punto cree usted en ellas?
-     No sé si la palabra “creer” es la más adecuada, pero sí que entiendo que existen. A veces “notamos” que algo va a ocurrir y experimentamos esa sensación de un modo muy fuerte. Para los incrédulos tampoco existe la inspiración o la musa; pero pregunte usted a los escritores o pintores y verá su respuesta. Como las meigas gallegas: yo no creo en ellas, pero haberlas haylas.

-     En su trayectoria como escritor ha cultivado novelas de diferentes estilos, relatos, ensayos y hasta poesía, ¿en qué género se encuentra más cómodo?
-     En todos, francamente, aunque reconozco que la poesía es el ámbito en el que me he movido menos y con menos agilidad. El resto es prosa, y en la prosa me desenvuelvo con absoluta naturalidad, quizá porque he sido más lector de prosa que de verso.

-     ¿Cuánto hay, si es que lo hay, de Rubén Castillo en el joven Joaquín?
-     Si lo hay es inconsciente. Pretendí construir un personaje que fuese totalmente ajeno a mí, para sentirme más libre. Crear un personaje con el que no tienes vinculaciones supone que estás facultado para moverlo a tu antojo, sin limitaciones. Joaquín es un ente puramente imaginativo.

-     Usted es profesor de Literatura, ¿cómo podemos analizar la realidad lectora entre los jóvenes?
-     Aunque se pueda pensar lo contrario, los jóvenes leen mucho y bien. ¿Que se tiran dos horas al día enganchados al móvil? Bien, sus padres o sus abuelos se tiraban dos horas diarias enganchados a otras actividades. Es el sino de los tiempos. Pero cuando les pones delante una historia que les seduzca, que les convenza, que les interese, la disfrutan mucho. En mi instituto yo coordino un blog de lecturas para mis alumnos que, año tras año, se va nutriendo de los libros que leen de forma voluntaria, y ya hemos superado las 600 obras. Claro que se lee. En demasiadas ocasiones, la queja viene de autores que no logran interesarles y se sienten despreciados. Pero cuando se consigue deslumbrarlos (Care Santos, Gómez Cerdá, etc.) son los más fieles.

-     Sabemos que es un grandísimo lector, ¿hasta dónde llega la presencia de la literatura en la historia de Joaquín?
-     Impregna la historia de Joaquín, porque los Joaquines que puede haber en mi cabeza surgiendo de leer las aventuras de Los Cinco, de Los Siete Secretos, de las mellizas de Santa Clara, de Agatha Christie… Escribo porque leí; y seguiré escribiendo porque leo. No hay otro camino, creo yo.

-     ¿Cuáles son sus próximos proyectos literarios? ¿Volverá a la literatura juvenil?
-     Lo inmediato es publicar otra novela juvenil, La voz oscura, que la editorial MurciaLibro lanzará en mayo. Creo que es más madura que La cueva de las profecías, pero habrá que esperar la opinión de los lectores cuando comience a moverse por los institutos. Cruzaré los dedos.

-     Convenza a un lector, adolescente o adulto, de la conveniencia de leer esta novela.

-     Es muy fácil: léela si has sentido alguna vez que te gustaría verte sumergido en una aventura sorprendente, en algo lleno de misterio, en sucesos que te maravillen. Ésa es la sustancia de la novela: apelar al mundo del asombro, que todos tenemos aletargado dentro del corazón, pero nunca muerto.


Antonio Parra Sanz



domingo, 4 de marzo de 2018

ENTREVISTAS 10 - ALFREDO GÓMEZ CERDÁ

 ENTREVISTA A ALFREDO GÓMEZ CERDÁ
LOS FANTASMAS DEL PARAÍSO

-     ¿Existe realmente el paraíso para un adolescente?
Cuando dejamos de ser adolescentes comprendemos que hemos perdido el paraíso, pero ya no hay remedio.
 
-     Esta novela se inserta en una serie en la que somete a los jóvenes a dilemas un tanto crudos, ¿le da miedo que le lector rechace ese desafío?
Sustituiría la palabra “somete” por “plantea”. Las novelas de la trilogía Las redes del silencio, entre otras cosas, invitan al lector a una reflexión ética, le invitan a mirar a su alrededor y a mirarse a sí mismo. El desafío está ahí, en la mirada. Al margen de mis libros, si un joven rechaza esa mirada será una pérdida para él mismo.

-     Imagino que la pregunta no será muy original pero, ¿cuánto de realidad hay en esta novela?
Mis libros son un diálogo permanente con la realidad, con el mundo y, en definitiva, con la vida. Quizá solo sean un afán por comprender las cosas. La realidad nos alimenta siempre, pero mis libros nunca son crónicas de sucesos reales. Mi esfuerzo primordial es que por encima de todo sean literatura.

-     ¿Por qué Suiza? Y ya de paso, ¿por qué las referencias al monstruo de Frankenstein?
Una cosa me llevó a la otra. Elegí Suiza porque quería que el protagonista estudiase en un colegio elitista para familias con mucho dinero. Elegí Suiza porque es el país donde se esconden grandes fortunas. Y una vez allí, a orillas del lago Leman, apareció el monstruo de Frankenstein, una ensoñación y una identificación del protagonista. Ni Pablo ni el monstruo han elegido el “paraíso” al que han sido arrojados, se comprenden mutuamente y por eso se llevan tan bien.

-     ¿Hasta qué punto es importante el papel de la familia en sus obras?
En esta trilogía es importante, aunque aparezca en segundo plano. Es una referencia del protagonista y, al mismo tiempo, una decepción, pues se convierte en la generadora de los conflictos, eso hace que las referencias de los jóvenes salten en pedazos y que se sientan aún más perdidos.

-     ¿Cree que los jóvenes españoles hoy andan escasos de principios o de otros valores?
¿Los jóvenes? ¿Por qué señalar a los jóvenes? Creo que es un problema de toda la sociedad. Y sí, vivimos en una sociedad que cada vez es más hueca, más banal, más despiadada. En todo caso, somos los adultos los que estamos desposeyendo a los jóvenes de valores. Pensemos por un momento en los modelos que estamos ofreciendo a los jóvenes.

-     ¿Quién guarda más rasgos de Alfredo Gómez Cerdá, Pablo o Bettina?
De entrada diría que ninguno de los dos, pero si me viera obligado a elegir me quedaría con Pablo, creo que a él le he trasladado más cosas mías, lo sentí más cercano, aunque me resulta imposible identificarme con él.

-     Usted visita a menudo centros educativos, ¿cómo anda el panorama lector entre los jóvenes?
Mejor de lo que parece. Si echamos mano de las estadísticas veremos que el segmento juvenil no es el menos lector, a pesar de que en muchas ocasiones los jóvenes están inmersos en un ambiente familiar y escolar donde la lectura no existe.

-   ¿Cuál es su próximo proyecto literario?
Está a punto de publicarse El vértigo de los canallas (Loqueleo. Santillana). Ya tengo ganas de tener ese libro entre las manos. Creo que es una novela sin etiquetas que puede interesar a un lector de cualquier edad. La historia está ambientada en un lugar de América del Sur, en un marco tan exuberante como pobre. Es una historia de amor y de venganza, en la que realidad va a aportar el escenario más despiadado.

-     Véndale la novela a un lector adolescente y también a otro adulto que no le haya leído hasta ahora.
Imposible. No sé vender.

Antonio Parra Sanz